“Cartucho” ha vuelto a su casa: Cuénabres

“Cartucho” ha vuelto a su casa, Cuénabres. Ya tenía ganas de encontrarse con sus montes, casas, gentes, prados y valles. Tan sólo han sido unos días en los que ha recorrido su querido Cuénabres. Pero a su vuelta “Cartucho” se ha traído unas sensaciones reconfortantes.

Los venados, ciervos, rebecos y jabalies siguen campando a sus anchas por Cebolleda, Valcarque, Frañisquera… Com0 siempre ha sido y como siempre será. El osos también continua haciendo de esos puertos su casa. Pero en esta ocasión “Cartucho” no ha podido divisarlo. Otra vez será.

Los prados siguen alimentado al ganado. Los riachuelos siguen aportando un agua limpia y fría que entra en la garganta como un iceberg. Y los arándanos siguen dando una buena fuente de energía para cualquier ser vivo que los divise en la montaña y se agache a recogérlos.

Las fiestas de los pueblos continuan como hace décadas. Con misas mañaneras acompañadas del vermouth gratuito al que se suma todo el pueblo. Con torneos de bolos en los que disfrutar de unas risas en torno a la bolera es más gratificante que ganar el campeonato. Con parejas mayores bailando “agarraos”  en las verbenas. Con grupos de mozos con una combinado en la mano y con la mirada puesta en las chicas de la zona. Con amigos que llevan meses, hasta años, sin verse y que se ponen al día en noches de amistad exaltada y sana diversión. Con mujeres curiosas oteando cada recodo de la plaza del pueblo para hacerse acopio de grandes dosis de información con la que alimentar los rumores invernales. Y con grandes oradores que, año tras año, hacen la delicia de los oyentes con historias de infancia y juventud narradas con un énfasis que para si quisiera más de un juglar.

Los huevos de las gallinas son eso, huevos de las gallinas. Sin más. Ricos y sanos. Auténticos. Y las lechugas son lechugas. Y la carne de ternera es carne de ternera. Y las patatas son patatas. Y el chorizo de jabalí ¿qué decir del chorizo de jabalí? Que cuando una rodaja entra en la boca el mundo se detiene para el disfrute del comensal.  Y, y, y,….. son tantos “ys” que “Cartucho” no podría parar de enumerarlos.

Los niños siguen “asilvestrados” y recorren cada parcela de Cuénabres con una libertad y descaro inimaginables en una gran urbe. Los horarios son orientativos y los teléfonos móviles, Iphones, Blackberrys, Ipads y demás aparatos son inútiles.  Por el contrario sí son necesarios los rastros, horcas, segadoras y empacadoras.

Los paisanos siguen saludando con el “bien y tú” antes de preguntar por la famlilia y alegrarse de que todos estén bien.

El teleclub sigue abierto, de vez en cuando. Los refrescos y las cervezas se mantienen a unos precios más que razonables en tiempos de crisis. Las partidas de mus y tute continúan como batallas amistosas en las que el ganador tiene veinticuatro horas de gloria hasta el día siguiente.

Ah, y el cierzo. El cierzo cae como una manta blanca que tapa las peñas de Cuénabres como si las dijese “venga, es la hora de dormir”.

En definitiva, “Cartucho” ha estado unos días en su casa, Cuénabres, y ha comprobado con alegría que, como dice la canción,  la vida sigue igual.

Os dejo unas fotos de “Cartucho” en el puerto de Cebolleda. Quienes hayais leido el libro entenderéis la ilusión que le ha hecho fotografiarse en uno de los parajes más relevantes de la novela. Quienes no la hayais leido, pues hacedlo, hombre, hacedlo, que os lo vais a pasar bien.

Por cierto, os recuerdo el concurso “Las vacaciones de Cartucho”. Quien quiera participar tan sólo tiene que enviar una foto de “Cartucho” en el lugar de vacaciones en que se encuentre y mandarla a la dirección de mail:  cartucholanovela@yahoo.es

Un enorme abrazo

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Presentación de “Cartucho” en Riaño. Agradecimiento

Hola a todos:

El pasado viernes 5 de agosto tuve el placer de presentar mi novela “Cartucho” en el ayuntamiento de Riaño (León). Antes de nada quiero agradecer al ayuntamiento de Riaño y a la asociación “Riaño Vive” por su colaboración en la promoción del acto. También a varios amigos de Cuénabres y Riaño por llenar de carteles los pueblos de la montaña (es un placer tener como amigos a tan buena gente). También, cómo no, quiero dar las gracias a todos y cada uno de los que llenaron el salón del plenos del ayuntamiento. Y, a su vez, a los que no pudieron acudir pero me transmitieron su apoyo de modos diferentes.

La presentación fue un éxito. Por la cantidad de público y, sobre todo, por la calidad de los presentes. Empiezo, no podía ser de otro modo, por mi familia, emocionada e ilusionada por lo que iba a decir. Y continuo por todos los demás. Amigos algunos, desoconocidos otros, nativos de la montaña de León o descendientes de estos, mayores y jóvenes, me dieron el placer de acompañarme en una presentación muy emotiva.

Las conclusiones que extraje el día 5 son varias. Por una parte, que el modo de vida que describo en “Cartucho”, el de los ganaderos y agricultores, mantiene un ritmo lento pero continuo de desaparición. Reconozco que esa reflexión me dio mucha pena. Pero también que los argumentos esgrimidos por los pocos ganaderos que continuan, es lógico. Su modo de vida es de una dureza y esclavitud muy grande, los precios de venta del ganado están estancados e incluso han bajado en algún momento, y las subvenciones europeas son unos parches que, como mucho, ayudan para mantenerse haciendo equilibrismo económicos.

Otra concluisón extraida es que la herida del pantano del Esla sigue abierta. Pero no hay una única medicina para curar esa herida. Unos luchan por recuperar el valle y expulsar el agua que lo ocupa. Otros mantienen la ilusión por, de una vez, crear la estación de esquí de San Glorio. Y otros prefieren no pensar en grandes proyectos y bregar día a día para salir adelante en los preciosos pero duros parajes leoneses. Personalmente no tengo el conocimiento suficiente para sumarme a niguna salida concreta. Pero, al menos, sí que me congratula saber que, ante las dificultades e injusticias, la mayoría de la gente ha optado por salir adelante y no se ha estancado en la melancolía del pasado.  Esa actitud demuestra la fuerza del caracter leonés.

Tampoco puedo olvidar el tema de la caza, tan presente en “Cartucho”. Y, en este aspecto, me reafirmo en que nadie mejor que quienes han nacido en esos montes para saber qué significado tiene la caza en sus vidas. Pongo un ejemplo que me ha hecho reflexionar. Un día antes de volver a Bilbao un ganadero sufrió la mala noticia de que los lobos había matado uno de sus terneros. Y no era un caso aislado. Ni mucho menos. Esas muertes plantean en los ganaderos y los guardas de montes un dilema. ¿Hay que mantener, tal y como dicen los grupos ecologistas, el ecosistema sin alterarlo con la acción humana a sabiendas de que eso perjudica la economía de los veciones de la montaña? ¿O es preferible hacer uso de las armas para acabar con un enemigo reconocido y peligroso? Esa disyuntiva podría llevar a horas de reflexiones, conversaciones y debates. Y probablemente las divergencias se mantendrían. Así que yo, de momento, me guardo mi opinión y dejo ese debate en el aire.

Para finalizar una última conclusión. Ha sido realmente emocionante percibir cómo han recibido personas de Cuñénabres, Casasuertes, Vegacerneja, Riaño,…. etc, el hecho de que alguien como yo haya escrito una novela ubicada en su tierra y con su presente y pasado como hilo conductor. Tan sólo les puedo dar las gracias con humildad. El cariño y apoyo que me han transimitido suponen un empujón fundamental para seguir escribiendo. Y, palabra de Miguel Ángel Ambrosio, haré todo lo posbile para que “Cartucho” no sea mi última novela enclavada en la montaña de León.

Un fuerte abrazo a todos y todas.

Os dejo unas fotillo de la presentación.