Los parajes de Cartucho: Capítulo 2. Riaño Viejo

Los parajes de Cartucho: Hoy, Riaño Viejo.

Hablar de Riaño Viejo es hablar de pasado, de heridas imposibles de cerrar y de una pena incapaz de ocultarse bajo toneladas de agua. Del agua del embalse de Riaño. Pero para hablar de todo ello ya hay decenas de documentales, asociaciones, reportajes… y personas que vivieron en sus carnes la batalla por defender el valle de Riaño. Una batalla que perdieron.

Yo hoy prefiero hablar de ese Riaño Viejo desde la mirada de un chaval de 10 años. El que iba todos los veranos a Cuénabres, en mitad de la montaña de León, a disfrutar de la vida asilvestrada que no permiten las urbes. Los viajes siempre eran iguales. Largos trayectos desde Bilbao en el Seat 127 conducido por el padre y acompañado de la madre y el hermano mayor. O en el lento, incómodo pero romántico tren de la Robla hasta Cistierna para luego coger el autobús que se detenía en Riaño. Bajarse en Riaño significaba llegar a otro mundo. Al mundo “del pueblo”. Casas bajas de piedra, praderas llenas de hierba, vacas pastando, agricultores con las guadañas preparadas para dar buena cuenta del prado… En definitiva, aroma de pueblo. Y Riaño, además de ser la puerta a ese mundo, era el epicentro de la zona. Supermercados, bares, tiendas varias y hasta una gasolinera provocaban que, por una razón u otra, todos los veraneantes pasasen varias mañanas del verano en Riaño.

Si había un enclave que atraía como un imán a los más pequeños era el corro del aluche. El aluche es un deporte típico leonés de la familia de la lucha grecorromana (otro día os daré más detalles de las normas de este deporte). Y en las fiestas de Nuestra Señora de Quintanilla (17 de agosto) era uno de los principales espectáculos. Los mejores luchadores de León enfrentándose entre ellos por ser coronado rey de la montaña. Después de la batalla era habitual participar en improvisados corros de aluche infantiles. Como siempre cuando se es un crío, los abusones siempre ganaban.

Otra fecha clave tanto para ganaderos como turistas era el día 6 de cada mes. Esa fecha se producía un evento que congregaba a miles de personas en el Viejo Riaño y que para un niño de 10 años era algo así como circo romano pero sin muertos. Hablo de la Feria de Riaño, el gran mercado de la región. Durante la visita se podían encontrar al paso vacas, cerdos, ovejas, yeguas, cabras… las mejores de la temporada preparadas para la compra-venta. Pero también se podía disfrutar de maravillas como guadañas, cuchillos de monte, horcas o rastros. Sí, simples aperos de labranza para algunos. Para un niño de diez años, las mejores armas para acabar con los dragones, vampiros o monstruos extraterrestres que, seguro, un día u otro iban a surgir de la nada para intentar aniquilar el pueblo. Con esas armas, el niño de diez años sabía que podría derrotarlos. Y todas estaban en Riaño.

Con el paso de los años el niño empezó a apreciar otras maravillas de Riaño Viejo. Como el camping. Ese paraíso de jóvenes desinhibidos que, seguro, se pasaban todo el día de fiesta y besándose. Con trece años y conociendo su cuerpo en plena ebullición, el niño fantaseaba con ese camping, al lado del río, como si fuera una Sodoma y Gomorra juvenil. Sólo en esos momentos odiaba veranear en Cuénabres, a demasiados kilómetros en bicicleta como para que sus padres le dejaran marchar solo.

Pero todo se hizo trizas en 1987. El niño, ya preadolescente, llevaba la mayor parte de su corta vida escuchando que el pantano del Esla acabaría con Riaño. Con Riaño y con Anciles, Éscaro, Huelde, Burón, Vegacerneja, La Puerta, Pedrosa del Rey y Salio. Y aunque se negaba a aceptar esa catástrofe, sucedió. En 1987 los pueblos del valle de Riaño desaparecieron. Y el niño que se hizo hombre se tuvo que conformar con los recuerdos de unos tiempos felices ahogados por un pantano.

Os dejo unas imágenes del Riaño Viejo para que os déis cuenta de lo que el planeta se perdió hace casi veinticinco años.

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2 pensamientos en “Los parajes de Cartucho: Capítulo 2. Riaño Viejo

  1. Hola Miguel Angel:
    Mi nombre verdadero es Alfonso. El tal agustín es un seudónimo que nació en el valle de Riaño el verano de 1987 ya que era el nombre que daba a los picoletos cada vez que me paraban en la carretera.
    He leido tu historia de “cartucho” y me ha gustado mucho, me ha incluso emocionado. Por eso, quiero únicamente agradecértelo.
    Me gustaría charlar de muchas cosas contigo sobre los sentimientos hacia la montaña que he visto en tu obra bien presentes. Lo bueno y lo malo de ese precioso y ahogado lugar…..
    GRACIAS y si te parece buena idea paisano contacta con nosotros en RIAÑO VIVE.com.
    Pd.: El año que viene se cumplen 25 años de esa fecha fatídica y queremos que se recuerde. ¿Te apuntas?

  2. Hola Miguel Angel. Nunca fui cazador ni me gusta la caza, pero devoré tu novela, que me habló de unas gentes, una tierra, unos lugares, una forma de vida,… Por un momento, incluso me vi pescando de nuevo unas truchas de forma “no legal”. Días inolvidables en el pueblo de mi familia. Tu novela, que me costó encontrar en Pamplona, me emocionó. Gracias.

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