LA VERDADERA HISTORIA DE UNA FOTOGRAFÍA MÍTICA

De izquierda a derecha: Arriba: Miguel, Fernando, Ivan, Chuchín y Oscar. Abajo: Álvaro, Roberto, Gustavo, David y Olegario.

Hola a todos:

Os presento una fotografía histórica, que bien podría formar parte de la historia de “Cartucho”, aunque mucho más amable. Muchos sois demasiado jóvenes para haberlo vivido. Otros demasiado viejos como para acordaros. Y a otros, simplemente, no les parecerá importante. Pero las personas que vivimos en primera persona el acontecimiento que os voy a contar sabemos que hay momentos que marcan una vida y ese fue uno de ellos. Ahí va:

Vegacernjea, León, agosto de 1987.

Un grupo de críos del pueblo cercano de Cuénabres había sido retado a un partido de fútbol con motivo de las fiestas de verano de Vegacerneja. Unos niños acostumbrados a foguearse en los prados de Las Camperas pero poco experimentados en luchas sin cuartel ante pueblos rivales. Aún así, la determinación, la ilusión, quizás la inconsciencia, les lanzó a recoger el guante que Vegacerneja había lanzado a Cuénabres.

El día principal de la fiesta esos valientes mojigatos acompañados por sus padres, primos, hermanos y vecinos del pueblo, descendieron hasta Vegacerneja y se dispusieron a iniciar una batalla que parecía perdida de antemano. Porque jugaban fuera de casa, porque el árbitro era familiar de alguno de los jugadores, porque en la portería rival estaba Minín, unchaval que en aquellos momentos les parecía más grande que las porterías (merece la pena que os fijéis en la parte superior de la derecha las modernas y minimalistas porterías del campo) y más fiero que veinte lobos hambientos. Y porque no era el único “mayor” que jugaba con ellos. Aún así, el “Pica del Cueto Team” no se amedrentó y se colocó en su lado del campo dispuesto a dejar hasta la última gota de sudor que les quedara.

El quinteto inicial estaba formado por: David en la porteria, un rudo cancerbero a la antigua usanza que mezclaba sus reflejos felinos con la práctica filosofía de  “o pasa el jugador o pasa el balón. Los dos, nunca”. En la parte izquierda de la defensa estaba Chuchín, espigado central cuyo estilo ha servido de referencia a jugadores de la talla de Piqué o Pepe. En la parte derecha de la defensa le acompañaba Iván, el cerrajero del juego aereo. No había balón que volase por el cielo que no fuera a parar a su territorio. Y en la delantera estaban “los vascos”: Fernando, la zurda de oro de Cuénabres, el Messi de Las Camperas, tan fino estilista del balón como acertado cañoñero con sus disparos. Y Miguel, un jugador al que todas las camisetas de deporte que se ponía le quedaban gigantes pero que ello no era impedimento para que luchara como un jabalí rodeado de cazadores. De Miguel escuché una vez que” no jugará demasiado bien, pero tocar los huevos los toca como nadie”.

En el banquillo, dispuestos a sacar sus uñas en el momento necesario, se sentaban Oscar, el breaker del fútbol, el Vaniulla Ice del balompie; Olegario, la templanza y el saber hacer; y Álvaro, Roberto y Gustavo, tres canijos que no tuvieron la oportunidad de jugar porque podían haber salido maltrechos del embite pero que animaron como si les fuera la vida en ellos. Por cierto, con los años, Álvaro pasó a convertirse en uno de los porteros con más arrestos de la montaña leonesa.

El partido comenzó como era de esperar. Con una presión continua de Vegacerneja y con los centrales de Cuénabres resistiendo las acometidas rivales. En la delantera Fernando aportaba con cuentagotas sus dosis de calidad y Miguel corría. Sí, sin más, corría. Hasta que un ataque rival acabó con el balón dentro de la red de Cuénabres (es un decir. No había red). Un “gooool” atronador se escuchó en las bandas, en la carretera, hasta en Casa Carlos. Un “goooool” que supuso un mazazo intensto y seco en las ilusiones de todo Cuénabres. A los chicos les costó tanto reponerse que Casasuertes tuvo varias oportunidades para rematar el partido. Por suerte, el árbitro pitó el final de la primera parte y, abatidos, se fueron a su area (tampoco había vestuario).

Los mayores del pueblo, las personas que guiaban las vidas de esos mozalbetes, intentaron animarles para que lo dieran todo en la segunda parte. Pero no fueron los gritos de apoyo de los adultos ni el descanso tirados en el prado ni la rabia por perder contra los enemigos de la montaña lo que hizo que la historia de este partido cambiara. Fue una mujer de Cuénabres, da igual quién en estos momentos, quien se acercó con un botijo y cambió el devenir del futuro. “Tomad, es agua de la fuente de Cuénabres”, dijo. Todos bebieron tragos largos y fríos de agua de Cuénabres que rasparon sus gargantas pero revitalizaron sus cuerpos. Y en ese momento  el árbitro ordenó el inicio de la segunda parte.

¡Ay de los pobres jugadores de Vegacerneja, que estaban convencidos de dar un repaso a los cuenabrenses! Éstos, con la fuerza del milagroso líquido elemento de su pueblo, se lanzaron a la batalla con un único objetivo. La portería defendida por el gigante Minín. Y así lo hicieron. David protegió la portería con unas actuaciones que recordaban al mítico Iribar, los centrales robaban los balones y los movían con celeridad hacia la delantera. Y los delanteros se hicieron dueños del balón, artistas del esférico, magos del dribling y el pase. Todo miranddo a un lugar. La portería rival, la que había que golear.

Así lo hicieron. Y no una, ni dos, sino tres veces. Tres goles celebrados por los familiares con más euforia que la victoria del Mundial. Creo recordar que Fernando fue el autor de un gol y Miguel el de otro. Pero mi memoria no ha guardado la imagen del tercer tanto. Da igual. Lo marcase quien lo marcara el gol fue obra de todo Cuénabres.

La expedición volvió a casa con el éxito a sus espaldas y cada campeón fue recibido en casa con los mejores regalos que podían ofrecer. En el caso de Miguel, el campeón recibió como trofeo casero un bocadillo de chorizo del pueblo que cogió con sus manos velozmente. Dió las gracias y volvió al medio del pueblo con el bocadillo. Como todos. Era verano y había que volver a jugar.

Personalmente recuerdo así el histórico partido de 1987 entre Vegacerneja y Cuénabres. Puede que no sucediera exáctamente como yo lo relato. O sí. El caso es que a mí me gusta guardarlo en la memoria no como un simple partido de fútbol entre niños de dos pueblos cercanos si no como una de las más bonitas experiencia infantiles que jamás tuve.

Un abrazo a todos. Miguel

AGRADECIMIENTO SINCERO

Gracias EN MAYÚSCULAS, en negrita, en cursiva, euskaraz, in english, con cariño, emocionado,  de corazón.

Gracias por haberme regalado fuerza con vuestra presencia, ánimo con vuestro aliento, energía con vuestros mensajes, seguridad con vuestros pensamientos. Gracias porque sé que eran sinceros y honestos. Porque sería inhumano no emocionarse con las toneladas de cariño que se posaron el viernes sobre mí.

Pasadas las horas y con el reposo necesario sé con certeza  que si el 18 de febrero de 2011 va a ser una fecha inolvidable para mí va a ser porque vosotros la habéis marcado a fuego.

Gracias y perdón. Por no haber respondido a tanto precioso mensaje de apoyo y por no haber cogido más de una llamada de ánimo. Y por entender que el viernes, tras el acto de presentación, no pude estar con todos todo el tiempo que me hubiera gustado. Aunque lo sabéis, quiero remarcaros que me llena de satisfacción saber que os habéis alegrado de mi suerte con total sinceridad.

Puedo decir sin reparos que la presentación de Cartucho del viernes fue un éxito. Y no lo digo por la gran cantidad de gente que se acercó a la sala. Ni por quedarse el editor sin ninguna novela que vender. Lo aseguro porque no hay mayor éxito en la vida que sentirse querido. Y os juro que me lo hicisteis sentir con vuestros abrazos, miradas, guiños, palabras y caricias. 

Pues eso, que un millón de gracias y un abrazo enorme.

Os dejo alguna fotito de la presentación

Videoclip fotográfico CARTUCHO

Hola a todos:

Han sido infinidad de paisajes,personas, situaciones y acciones las que han inspirado Cartucho. A todos ellos les dedico este pequeño montaje fotogáfico (con música de Bruce Springsteen, como no) con instantaneas de la montaña leonesa. Gracias a quienes han colgado algunas de estas fotos de Cuénabres, Casasuertes, Riaño, Vegacerneja y Retuerto.

Lo tenéis en este link:

http://www.facebook.com/video/video.php?v=110971562313758&oid=198953713455463&comments&ref=mf

Espero que os guste.

Y os recuerdo que el día 18 de febrero, viernes, a las 19:30h en la Sala Barrainkua (C/Barrainkua nº 5, Bilbao) estáis todos invitados a la presentación oficial de la novela.

Un abrazo.

Miguel

Los parajes de Cartucho: Capítulo 2. Riaño Viejo

Los parajes de Cartucho: Hoy, Riaño Viejo.

Hablar de Riaño Viejo es hablar de pasado, de heridas imposibles de cerrar y de una pena incapaz de ocultarse bajo toneladas de agua. Del agua del embalse de Riaño. Pero para hablar de todo ello ya hay decenas de documentales, asociaciones, reportajes… y personas que vivieron en sus carnes la batalla por defender el valle de Riaño. Una batalla que perdieron.

Yo hoy prefiero hablar de ese Riaño Viejo desde la mirada de un chaval de 10 años. El que iba todos los veranos a Cuénabres, en mitad de la montaña de León, a disfrutar de la vida asilvestrada que no permiten las urbes. Los viajes siempre eran iguales. Largos trayectos desde Bilbao en el Seat 127 conducido por el padre y acompañado de la madre y el hermano mayor. O en el lento, incómodo pero romántico tren de la Robla hasta Cistierna para luego coger el autobús que se detenía en Riaño. Bajarse en Riaño significaba llegar a otro mundo. Al mundo “del pueblo”. Casas bajas de piedra, praderas llenas de hierba, vacas pastando, agricultores con las guadañas preparadas para dar buena cuenta del prado… En definitiva, aroma de pueblo. Y Riaño, además de ser la puerta a ese mundo, era el epicentro de la zona. Supermercados, bares, tiendas varias y hasta una gasolinera provocaban que, por una razón u otra, todos los veraneantes pasasen varias mañanas del verano en Riaño.

Si había un enclave que atraía como un imán a los más pequeños era el corro del aluche. El aluche es un deporte típico leonés de la familia de la lucha grecorromana (otro día os daré más detalles de las normas de este deporte). Y en las fiestas de Nuestra Señora de Quintanilla (17 de agosto) era uno de los principales espectáculos. Los mejores luchadores de León enfrentándose entre ellos por ser coronado rey de la montaña. Después de la batalla era habitual participar en improvisados corros de aluche infantiles. Como siempre cuando se es un crío, los abusones siempre ganaban.

Otra fecha clave tanto para ganaderos como turistas era el día 6 de cada mes. Esa fecha se producía un evento que congregaba a miles de personas en el Viejo Riaño y que para un niño de 10 años era algo así como circo romano pero sin muertos. Hablo de la Feria de Riaño, el gran mercado de la región. Durante la visita se podían encontrar al paso vacas, cerdos, ovejas, yeguas, cabras… las mejores de la temporada preparadas para la compra-venta. Pero también se podía disfrutar de maravillas como guadañas, cuchillos de monte, horcas o rastros. Sí, simples aperos de labranza para algunos. Para un niño de diez años, las mejores armas para acabar con los dragones, vampiros o monstruos extraterrestres que, seguro, un día u otro iban a surgir de la nada para intentar aniquilar el pueblo. Con esas armas, el niño de diez años sabía que podría derrotarlos. Y todas estaban en Riaño.

Con el paso de los años el niño empezó a apreciar otras maravillas de Riaño Viejo. Como el camping. Ese paraíso de jóvenes desinhibidos que, seguro, se pasaban todo el día de fiesta y besándose. Con trece años y conociendo su cuerpo en plena ebullición, el niño fantaseaba con ese camping, al lado del río, como si fuera una Sodoma y Gomorra juvenil. Sólo en esos momentos odiaba veranear en Cuénabres, a demasiados kilómetros en bicicleta como para que sus padres le dejaran marchar solo.

Pero todo se hizo trizas en 1987. El niño, ya preadolescente, llevaba la mayor parte de su corta vida escuchando que el pantano del Esla acabaría con Riaño. Con Riaño y con Anciles, Éscaro, Huelde, Burón, Vegacerneja, La Puerta, Pedrosa del Rey y Salio. Y aunque se negaba a aceptar esa catástrofe, sucedió. En 1987 los pueblos del valle de Riaño desaparecieron. Y el niño que se hizo hombre se tuvo que conformar con los recuerdos de unos tiempos felices ahogados por un pantano.

Os dejo unas imágenes del Riaño Viejo para que os déis cuenta de lo que el planeta se perdió hace casi veinticinco años.

Los parajes de Cartucho. Capítulo 1: Cuénabres

Los parajes de Cartucho

Los personajes de esta novela no existen. Aunque bien podrían ser reales. Sin embargo, sí lo son todos los parajes en los que transcurre “Cartucho”. Así como sus tradiciones y modos de vida. Y deseo avanzaros a lo largo de estos días algunos de esos lugares, actividades y  costumbres para que os hagáis una idea del dónde transcurren las tramas de “Cartucho”.

Hoy: Cuénabres

Cuénabres es el núcleo donde discurre la principal trama de “Cartucho”. Lugar de nacimiento de los dos personajes protagonistas de la novela y epicentro del transcurso de su vida y de los acontecimientos que se narran en la novela.

Pequeño pueblo de la montaña leonesa situado a 1.200 metros de altura sobre el nivel del mar. Partido por dos por el río Orza, que nace en las faldas de Pico Cebolleda (2.044 mts), pertenece al ayuntamiento de Burón.

El medio de vida de Cuénabres ha sido desde sus orígenes la agricultura y la ganadería. Sus vecinos siegan y recogen la hierba de los pequeños prados que rodean la aldea. La ganadería más explotada a lo largo del siglo pasado fue la bovina, la ovina y la caprina, aunque también varios ganaderos se decantaron por la cría de caballos. En la actualidad apenas quedan vacas. Y es que el pueblo, en el que hay una treintena de casas construidas y en el que habitaron en los años 60 y 70 más de cien personas, ahora tan sólo cuenta con una docena de vecinos que viven todo el año. El dinero obtenido por las cacerías organizadas es otro apoyo fundamental para mejorar las infraestructuras de Cuénabres y de los pueblos cercanos.

Las fiestas patronales de Cuénabres son el 14 de septiembre, Día del Cristo, y el 11 de Febrero, la festividad de Lourdes. Además, la juventud descendiente de los nacidos en Cuénabres ha creado otra fiesta popular el día 8 de agosto.

Este pueblo leonés se caracteriza por una importante religiosidad. Cuenta con una Iglesia, templo de finales del S. XIX dedicado a San Miguel Arcángel. Una gran muestra de piedra de sillería que resguarda un retablo ocupado por las imágenes de San Miguel Arcángel, la Virgen de Lourdes y El Sagrado Corazón. Además, a la entrada del pueblo, el visitante puede contemplar la pequeña Capilla del Santo Cristo.

A Cuénabres se puede llegar desde León pasando por Riaño, el pueblo más conocido de la zona y que próximamente también describiré, por la N-625. Desde Asturias también llegaremos por Ribadesella, atravesando pueblos como Oseja de Sajambre. Al llegar a Vegacerneja hay un desvío para coger la CV-80-13. Tras dos kilómetros veremos el cartel de Cuénabres y  en un kilómetro nos encontraremos en la entrada del pueblo.

Sin duda, lo más atractivo de esta pequeña aldea es el paisaje montañoso propio de Picos de Europa. A primera vista, todo aquel que llegue a Cuénabres podrá disfrutar de la visión bucólica de las cuatro peñas emblema del pueblo. Peña La Llampa, Peña Chica, Peña Pequeñina y Peña el Bolo.

Después puede elegir el camino que desee. Si camina hacia el Oeste podrá llegar hasta las peñas antes mencionadas o, incluso, podrá alcanzar los valles de  Cebolleda o Valcarque o adentrarse en las tierras de Valdeón. Es uno de los paseos más atractivos y se puede recorrer en una mañana a ritmo tranquilo. Aunque es recomendable realizarlo en días claros sin riesgo de tormenta o niebla (llamada cierzo por los montañeros). Ambos fenómenos, la tormenta por los rayos, y la niebla por la nula visibilidad, pueden dar más de un susto al caminante.

Si el paseante es afortunado puede tener la enorme suerte de divisar algún animal salvaje de la zona: Corzos, rebecos, ciervos… Los jabalíes, lobos y osos son casi imposibles de ver. Aunque, dependiendo de a qué distancia, tampoco es recomendable.

En agosto el camino se puede hacer más ligero haciendo una parada para degustar arándanos, moras y fresas silvestres. Y en primavera y otoño es habitual la aparición de varios tipos de setas comestibles, muy apreciadas para acompañar los guisos de jabalí.

Cualquiera de los riachuelos que surgen de la tierra es apto para degustar su agua fresca. Y si el caminante desea detenerse para observar los pequeños pozos a lo largo del río, puede tener la fortuna de ver a las truchas jugando con las corrientes de agua.

Para este trayecto o cualquier otro que queramos tomar es imprescindible tener en cuenta una premisa. Si los valles y montes de Cuénabres se han mantenido tan bellos y puros a lo largo de milenios, no seamos nosotros los que los ultrajemos con basura, colillas y demás contaminantes. Resulta más que placentero detenerse a comer un bocadillo de chorizo de León sentado sobre la hierba a la sombra de un roble en los prados de Frañisquera o en el Molín de la Cruz. Pero después no cuesta nada recoger las bolsas, pañuelos y demás basura.

Un detalle muy importante de Cuénabres. Por el momento continúa sin cobertura de teléfono móvil. Un incordio para el día a día de los habitantes, pero un lujo para quien desee huir de las continuas llamadas telefónicas de la vida urbana.

Cuénabres no cuenta con ninguna casa rural ni restaurante. Pero quien quiera hacer noche en la montaña leonesa podrá dormir en cualquiera de las casas rurales cercanas (Riaño, Vegacerneja, Posada de Valdeón…) Y para comer, humildemente, recomiendo dos lugares. El albergue de Villafrea de la Reina, donde podréis degustar productos de la tierra como embutidos de León, ensaladas con queso de Valdeón, platos de caza… Y el bar El Mentidero, de Riaño, pequeño pero acogedor local que cuenta con unos bocadillos de tan gran tamaño y delicioso sabor. Además, en cualquiera de los pueblos de la zona os podrán recomendar cualquier otro establecimiento para comer y cenar abundante, rico y asequible. Un consejo. Ir a la montaña leonesa y no comer su chorizo es como venir a Bilbao y no sacarse una foto delante de San Mamés. El viaje no habrá tenido sentido.

Finalizo este primer capítulo de Los Parajes de Cartucho con una invitación pública a todo el mundo para que conozca Cuénabres. Tanto si desea leer Cartucho como si no. Aunque si ha leído la novela previamente o si piensa leerla después de visitar Cuénabres, entenderá que era de obligado cumplimiento ambientar Cartucho en uno de los pueblos más bellos de España.

Os dejo algunas fotos que lo demuestran. Poco a poco iré insertando más.  Un saludo.

Cartel de presentación de Cartucho

Hola a todos:

Aquí os dejo el cartel de presentación en el que os invito a que me acompañéis a un momento tan bonito como es la presentación de “Cartucho”.

Os recuerdo que es el día 18 de febrero, viernes, a las 19:30h en la Sala Barrainkua (C/Barrainkua nº 5, Bilbao). Estáis todos invitados.

Un abrazo.

Miguel